15 de noviembre 2014, Lugar privado

Tener músicos ahí en vivo, interactuando con nosotros, transmitiéndonos su entusiasmo, sus tallas, contagiándonos su alegría de cantar y tocar, fue mucho más de lo que me hubiese atrevido a soñar.

El Quinteto Teto tiene eso: aman lo suyo y se nota y se traspasa su calidez. ¡Ellos lo pasan bien y eso es contagioso!

La gente, nuestros invitados, ¡no podían creerlo! (¡es como cosa de artistas millonarios tener músicos en vivo! ¿o no?).

Ni uno solo de mis invitados dejó ni un solo segundo de bailar, saltar y cantar (y habíamos varios bordeando los 60, digamos la verdad) mientras ellos tocaban, jugaban con las letras, dedicaban alguna a la novia. Claro, la inteligente elección del repertorio, variado y pensado en una concurrencia de diferentes edades, ayudó mucho.

Lo malo es que después de nuestro matrimonio hemos ido a otros con Marco Antonio y siempre hay música envasada, a todo decibel, como un loop de lo mismo… Un rato puede ser entretenido, pero ya después todo el mundo se vuelve a las mesas, donde apenas se puede conversar con el ruido… ¡Nos mal acostumbramos!